Altshuller, el hombre detrás de TRIZ

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El pasado 15 de octubre la comunidad internacional de TRIZ celebró el 93 aniversario del nacimiento de Genrikh Altshuller y, además, el Día Internacional de TRIZ. ¿Por qué coinciden? Precisamente porque “Altshuller es el hombre detrás de TRIZ”.

Considerando la importancia y trascendencia de los descubrimientos de Altshuller para el mundo de la inventiva y la innovación, resulta sorprendente el poco reconocimiento que se le ha dispensado.

Soy de la opinión que, si Altshuller hubiese nacido o desarrollado su investigación en un país como EE.UU. en lugar de la Unión Soviética, todos/as conoceríamos su nombre y sus logros, aunque sea al mismo nivel que los del popular Thomas A. Edison.

El propósito de esta entrada es rendir homenaje y difundir el nombre y la obra de la persona que hizo posible el nacimiento de la Teoría para la Resolución de Problemas de Inventiva (TRIZ): Genrikh S. Altshuller.

Primeros años

Genrikh Saulovich Altshuller nació el 15 de octubre de 1926 en Taskent, la capital de la actual Uzbekistán, en el seno de una familia de periodistas.

En 1931 su familia se mudó a Bakú, la capital de Azerbaiyán. En esta ciudad, mezcla de cultura europea y asiática, creció y vivió muchos años de su vida. Es probable que TRIZ, que combina pensamiento oriental y occidental, haya sido fruto de las experiencias vividas por Altshuller en un ambiente este-oeste tan diferente [1].

Desde una edad muy temprana mostró un gran interés por la invención. Seguidamente se presenta la impresión que le causó su primer contacto con un inventor contando con apenas nueve años [2]:

“Un día, al regresar de la escuela, vi algunos técnicos fumando cigarrillos tristemente al lado de una cabina rota de un transformador eléctrico. Los técnicos estaban mirando un gran transformador negro colocado sobre una base alta de ladrillo. La base tenía más de un metro de altura y el transformador parecía un monumento impresionante. La gente esperaba una grúa para desmontar el transformador estropeado e instalar uno nuevo.

Más tarde, hice mis deberes a la luz de una lámpara de aceite. No tuvimos electricidad esa noche, ni la segunda noche, ni la tercera. Una grúa en esos días se consideraba un equipo muy raro y valioso, y conseguir una no era una cosa sencilla. Los electricistas se quejaban de la situación y no sabían cuándo podían terminar su trabajo.

No sabía que un inventor vivía en el apartamento 11. Había rumores de que ese vecino, que era contable, al día siguiente bajaría el transformador desde su base. Cada inquilino en nuestro edificio tenía un apodo. Algunos de ellos se les llamaba con mucho respeto, «Tío Kostya» o «Tío Vlad», pero el contable era simplemente «Contable».

Al día siguiente me salté la última clase porque tenía curiosidad por ver cómo iba “Contable” a bajar el pesado transformador. Llegué justo a tiempo. En la entrada de nuestro patio trasero había un carruaje de caballos lleno de hielo. Varios trabajadores estaban descargando el hielo y colocándolo junto a la base del transformador.

Debo aclarar algo: en aquellos tiempos no teníamos refrigeradores eléctricos. Todos los días, de primavera a otoño, un carruaje de caballos iba de casa en casa entregando bloques de hielo. Las familias compraban el hielo y llenaban cajas de madera con él. A veces se llenaban solo cubos y ollas.

Mientras llevaban los bloques de hielo hasta el transformador, “Contable” los apilaba junto a la base. Cuando la nueva base hecha de hielo alcanzó la misma altura que la de ladrillo, “Contable” colocó una tabla sobre el hielo. Los trabajadores, usando barras de palanca, lentamente, centímetro a centímetro, movieron el transformador desde la base de ladrillo hasta la base de hielo.

El hielo chirriaba. Sin embargo, debido a que los bloques de hielo se habían colocado con mucha precisión, la base congelada no se desmoronó. Finalmente, “Contable” cubrió el hielo con un trozo de tela. Todos nos quedamos observando. Pronto un hilo de agua apareció en el suelo del hielo mientras se derretía. Al principio el flujo era pequeño. Pronto se hizo más y más grande porque el sol de septiembre en Bakú sigue siendo tan fuerte como en verano.

Todos en el patio, incluso un viejo escandaloso con el apodo de «Tesoro» (estaba seguro de que sabía dónde estaban escondidos los mayores tesoros, pero había un problema: no tenía dinero para llegar a ellos) dijo que el hielo era una muy buena idea. El “Tío Michael” (ahora todos llamaban al contable por su nombre) se sentó en su silla plegable leyendo el periódico. De vez en cuando descorría la tela para mirar el hielo derritiéndose.

A la mañana siguiente salí corriendo al patio. El transformador ya estaba a medio camino. Aunque era domingo, los trabajadores estaban allí. Un río de agua corría por debajo de la cubierta de tela: me quedé estupefacto. Todos sabían que el hielo se derrite, y yo también lo sabía. Sin embargo, nadie había descubierto que un transformador podía moverse sobre un bloque de hielo, y que el hielo bajaría el transformador al suelo. ¿Cómo se le había ocurrido al “Tío Michael” y a nadie más?

Antes, el hielo había sido solo hielo normal usado únicamente para enfriar cosas. Pero ahora, el hielo podría reemplazar a una grúa. ¿Podría el hielo hacer otras cosas, y no solo enfriar? De repente, comprendí que cualquier cosa podía usarse para fines distintos de aquél para el que fue creada.

Se me ocurrió una palabra: Inventar. Supuse que el “Tío Michael” había creado un invento y, por lo tanto, se había convertido en inventor. Tal vez alguien podía escribir un artículo sobre él en un periódico, especialmente si fuese capaz de encontrar una manera de elevar un nuevo transformador sobre la base de ladrillo.

El lunes, sin embargo, llegó la grúa. Se colocó el nuevo transformador en los cimientos y se retiró el viejo. Los electricistas conectaron el nuevo transformador, el carpintero volvió a armar la cabina y los pintores la pintaron. El trabajo se terminó. Pero siempre recordaría que, bajo cualquier circunstancia, incluidos los casos «desesperados», se podía encontrar una solución a un problema”.

Prueba de que el “gusanillo” de la inventiva había hecho mella en él lo demuestra la obtención de su primer Certificado de Autoría (equivalente a una patente en la ex Unión Soviética) con 17 años. El invento consistía en un dispositivo de buceo que permitía respirar utilizando la descomposición del peróxido de hidrógeno (H2O2) para generar oxígeno. Él mismo fabricó y probó su invento.

Un año más tarde construyó un bote al que le instaló un motor de cohete que usaba un carburo como combustible.

Cuando la URSS entró en la Segunda Guerra Mundial, en 1941, ingresó en una escuela naval especial (Bakú). Después del noveno grado, fue trasladado a una escuela médica militar, pero al negarse a cambiar pasó primero por una escuela de vuelo y después por una de armamento químico.

Altshuller cadete

Altshuller como cadete en una escuela naval de Bakú (1943).

Con el grado de sargento, Alshuller se graduó en la escuela secundaria e ingresó en el Instituto Industrial de Azerbaiyán.

En 1946 desarrolló un método para escapar de un submarino inmovilizado sin utilizar ningún equipo de buceo. Esta invención fue clasificada como secreto militar y, como consecuencia, a Altshuller se le ofreció un empleo en el departamento de patentes de la Flotilla del Caspio [3].

Departamento de patentes, el punto de inflexión

En el departamento de patentes rápidamente se hizo popular por sus dotes inventivas. Un día su jefe, simplemente como curiosidad le pidió a Altshuller que encontrara una solución para ayudar a un soldado sin recursos atrapado detrás de las líneas enemigas. En respuesta, Altshuller inventó un nuevo tipo de arma, una sustancia química extremadamente nociva confeccionada a base de medicamentos comunes [3].

A la oficina se acercaban muchas personas solicitando ayuda para sus invenciones. Altshuller les aconsejaba en la medida de sus posibilidades, pero echaba en falta unas pautas o método que ayudase a la hora de inventar.

En la bibliografía científica de la época no existía ningún libro que explicase cómo inventar. En ese entonces la comunidad científica consideraba que las invenciones eran el resultado de situaciones accidentales, del estado anímico del inventor o de su genética.

Altshuller se negaba a creerlo, de modo tal que si no existía una metodología para inventar… había que crearla.

Parte del trabajo que debía desarrollar en el departamento consistía en organizar las patentes y ayudar a los inventores a completar todos los detalles correspondientes a las solicitudes. De esta forma por sus manos pasaban a diario decenas de solicitudes de patentes; para facilitar su trabajo encontró una manera simple y científica de clasificar las invenciones por su grado de inventiva.

Después de correlacionar un gran número de patentes descubrió que solo había cinco niveles distintos de inventiva, y varios de ellos no representaban “invenciones” reales, sino modificaciones u optimizaciones de las ya existentes.

Del estudio de cientos de patentes (que con los años se convertiría en miles), Altshuller comenzó a sacar una serie de conclusiones:

  • Una solución realmente inventiva proviene de superar o eliminar una contradicción o conflicto.
  • Los patrones de resolución de problemas de creatividad son universales a través de diferentes dominios.
  • La evolución de los sistemas hechos por la humanidad está gobernada por ciertas regularidades y tendencias.
  • Las nuevas ideas pueden generarse de manera sistemática mediante la reutilización de la experiencia previa y los patrones de soluciones anteriores.

Sus descubrimientos los fue compartiendo con amigos y colaboradores, en especial con su compañero de estudios Raphael Shapiro, quien compartía con Altshuller la pasión por la inventiva.

Juntos, Altshuller y Shapiro, buscaron fórmulas que les ayudasen en el proceso de invención, publicaron artículos en secciones de revistas como “Una ventana al futuro”, y desarrollaron varios inventos entre los que destaca un traje refrigerado para el rescate de mineros que enfrentan altas temperaturas y una atmósfera venenosa en su trabajo; con este invento ganaron en 1949 un concurso organizado por Ministerio de la Industria del Carbón de la URSS a nivel de toda la Unión.

Para el año 1950, Altshuller y Shapiro tenían una docena de patentes (Certificados de Autoría) a su nombre.

Imagen descriptiva en una patente de Altshuller y Shapiro (Certificado de Autoría Nº 111144) – Traje de protección térmica individual.

GULAG

Al poco de terminar la Segunda Guerra Mundial, el gobierno soviético llegó a un acuerdo con EE.UU.: le entregaría la biblioteca de patentes alemana a cambio de equipamiento industrial.

Altshuller fue muy crítico con ese acuerdo; era de la opinión que los equipos industriales eran bienes con una vida útil limitada, mientras que las patentes alemanas engrosarían el capital intelectual de la URSS [4].

Por ese motivo, escribió una carta a Stalin y envió 19 copias a instituciones como el Comité Central del Partido Comunista, el Comité Central de la Unión de la Juventud Comunista, los principales periódicos, etc.

Como era de esperar en tiempos de Stalin, en lugar de respuestas a sus cartas, fue arrestado y acusado de propaganda antisoviética.

A falta de pruebas concluyentes, Althuller fue puesto en libertad, pero durante los siguientes dos años, estuvo bajo estricta vigilancia; incluso su amigo, Raphael Shapiro, fue interrogado por la NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos) y amenazado para que actuase como confidente, cosa que rechazó.

Un día, sin causa aparente, Altshuller y Shapiro fueron llamados para acudir a Tbilisi (la capital de Georgia). Los arrestaron al llegar y comenzó un largo período de interrogatorios. A pesar de la dureza empleada para extraerles una confesión de culpabilidad y de que estuvieron aislados uno del otro, tanto Altshuller como Shapiro se mantuvieron firmes en su inocencia.

Se cuenta que, en una prisión de Moscú, Altshuller fue sometido a fuertes interrogatorios durante la noche, sin dejarle dormir cuando era de día. Eso continuo por varias jornadas. Comprendió que no sobreviviría en esas condiciones, así que aplicó los conceptos que había descubierto en su investigación sobre la inventiva: postuló el problema en forma de contradicción: ¿cómo puedo dormir y no dormir al mismo tiempo? Aquello parecía irresoluble. El mayor descanso era sentarse con los ojos abiertos; de esa forma, para dormir, sus ojos debían estar abiertos y cerrados al mismo tiempo. Entonces se le ocurrió una idea: extrajo dos pedazos de papel de un paquete de cigarrillos; con una cerilla carbonizada, dibujó una pupila en cada hoja de papel. Mojó con saliva los “ojos abiertos” de papel y se los pegó sobre los párpados cerrados. Después de eso, se sentó al otro lado del agujero de la puerta y se durmió tranquilamente. Es así como podía dormir durante el día, y estaba “fresco” para los interrogatorios nocturnos [3].

Finalmente, los dos, Altshuller y Shapiro fueron condenados a 25 años de confinamiento y trasladados a campos de trabajo del GULAG (Dirección General de Campos de Trabajo Correccional y Colonias). En concreto, Alshuller fue conducido al campo de Vorkutá, a 50 km al norte del círculo polar ártico [5].

Inicialmente trabajó en una explotación forestal en jornadas laborales de 12 horas. Conocedor de sus limitaciones ante un trabajo físico tan intenso, se debatió entre seguir trabajando o negarse a hacerlo con el riesgo de que lo encerraran en una celda de aislamiento; prefirió esto último.

Como consecuencia, fue trasladado a una sección de delincuentes comunes. Logro granjearse la amistad de los prisioneros gracias a otro de los talentos de Altshuller: contar historias, principalmente de ciencia-ficción.

Posteriormente, fue transferido a un campamento donde los reclusos eran mayormente intelectuales (científicos, abogados, arquitectos, etc.). Con el fin de darle un sentido a la vida en cautividad de aquellos hombres, Alshuller estableció lo que vino a llamar “La universidad de un solo estudiante”. Así generó un contrato “ganar-ganar”: acumuló una base de conocimiento sin precedentes mientras motivaba a sus maestros para que sobreviviesen a las duras condiciones del campamento [3].

Tras la muerte de Stalin, comenzaron los procesos de revisión de penas. Un año y medio después, Altshuller y Shapiro fueron puestos en libertad.

Altshuller volvió a Bakú para encontrarse con la trágica noticia que su madre, desesperada al conocer la condena a 25 años de prisión de su hijo, se había suicidado lanzándose desde un segundo piso [4].

Nacimiento de TRIZ

A su vuelta, el único trabajo que pudo encontrar fue de capataz en una fábrica de cables. No se trataba de un trabajo creativo y no le dejaba tiempo para sus pasiones: la inventiva y escribir. Así que en poco tiempo renunció.

Altshuller siempre había tenido una gran afición por la escritura, seguramente heredada por el ambiente periodístico que le rodeo durante su infancia. Como consecuencia lógica por su inclinación hacía la ciencia y la tecnología, cultivaba el género de ciencia-ficción.

Al dejar la fábrica de cables, se centró en la escritura como medio de subsistencia. De esta forma escribió artículos en periódicos, historias de ciencia-ficción en revistas, etc. Asimismo, continuó con el «Boletín de Invenciones» (publicación regular de descripciones breves sobre invenciones registradas en la URSS), que había comenzado en 1946 [4].

A pesar de los años de separación en prisión, Altshuller y Shapiro retomaron rápidamente el contacto y siguieron trabajando en sus investigaciones e inventos. En 1956 publicaron en la revista “Voprosy psikhologii” (Cuestiones de Psicología), el que se conoce como primer artículo sobre TRIZ (aunque todavía no se utilizase ese acrónimo para referirse a sus descubrimientos). El título del artículo fue “La Psicología de la Creatividad Inventiva” y puedes leerlo en castellano en esta entrada del Blog.

En 1957 Altshuller conoció a Valentina Zhuravleva con la que se casó tras un brevísimo noviazgo. Altshuller convenció a su mujer para que dejase a un lado su formación farmacéutica para convertirse, junto a él, en escritora de ciencia-ficción. Para evitar la crítica antisemita, las historias se publicaban con el nombre de Zhuravleva (que era un nombre ruso, a diferencia del Altshuller que era judío). Simultáneamente, algunas historias escritas por Altshuller se publicaron con su seudónimo, Altov (que también “sonaba” ruso) [4].

Zhuravleva, Altshuller y Shapiro

Valentina Zhuravleva, Genrikh Altshuller y Raphael Shapiro en 1959.

Altshuller (Altov) publicó libros de ciencia-ficción muy reconocidos, como la serie “Leyendas de los Capitanes Estelares”, llegando un año a ser el autor más publicado en la URSS.

Gracias a su éxito como escritor y a los ingresos que obtenía, pudo financiar su investigación acerca de la nueva “ciencia de la invención” y difundir sus ideas, ganando adeptos para su causa.

En 1961 publicó el libro “Cómo aprender a inventar”, en el que criticaba el método de ensayo y error durante el proceso de ideación y presentaba su primera colección de Principios Inventivos.

Portada libro Cómo Aprender a Inventar

Portada del libro «Cómo aprender a inventar».

La “fórmula” de inventar de Altshuller iba poco a poco madurando en forma de algoritmo, y es en 1963 cuando aparece por primera vez el término ARIZ, como nombre del algoritmo (acrónimo en ruso de Algoritmo para la Resolución de Problemas de Inventiva).

En 1969 Altshuller estableció el AZOIIT (Instituto Público de Azerbaiyán para la Creatividad Inventiva) que se convirtió en el primer centro de capacitación y desarrollo de TRIZ en la URSS. Asimismo, creó el OLMI (Laboratorio Público de Metodología de Invención), una iniciativa pública de desarrollo de proyectos abiertos dirigida a coordinar los esfuerzos para el desarrollo de TRIZ en toda la URSS [6].

Fotograma de El Algoritmo de la Invención

Fotograma del documental «El algoritmo de la invención» realizado por el AZOIIT en 1974.

También en ese año publicó un nuevo libro: “Algoritmo para inventar”. En él aparecían desarrollados los 40 Principios Inventivos, y una versión mejorada de ARIZ.

Al año siguiente, en 1970, fue cuando Alshuller presentó por primera vez el acrónimo TRIZ en el folleto «Teoría y práctica para resolver problemas inventivos: un programa de capacitación» publicado en Bakú [6].

Probablemente el libro más importante sobre los descubrimientos de Altshuller, “La creatividad como una ciencia exacta”, vio la luz en 1979. Ese mismo año definió la Teoría de Evolución de los Sistemas Técnicos como un tema separado de estudio e identificó una serie de Líneas de Evolución de los Sistemas Técnicos que más tarde se conocieron como «Las 9 Leyes de la Evolución de los Sistemas Técnicos».

En 1985 se da un paso crucial en la evolución de TRIZ: se publica la versión ARIZ-85C, considerada, hoy en día, la única versión oficialmente reconocida de ARIZ. El algoritmo incluyó 32 pasos e introdujo una serie de nuevas reglas y recomendaciones, además de poner un enfoque especial en el uso del tiempo, el espacio y los recursos sustancia-campo para obtener las soluciones más ideales.

El año 1989 se funda la Asociación Rusa de TRIZ con G. Altshuller como primer presidente.

Después de más de 35 años ininterrumpidos viviendo en Bakú, en 1990 Altshuller y su mujer, Valentina Zhuravleva, se mudaron a Petrozavodsk (República de Carelia), que se convirtió desde entonces en el epicentro de la actividad de TRIZ.

El adiós

Desde mediados de los 80 Altshuller había cambiado su foco de atención hacia el desarrollo de la personalidad creativa. Junto con su asociado, Igor Vertkin, estudió una gran cantidad de biografías de personas creativas sobresalientes y allanaron el terreno para la «Teoría del desarrollo de la personalidad creativa», la cual estudia qué tipos de barreras y contradicciones enfrentan las personas creativas durante sus vidas y cómo eliminan estas barreras y resuelven estas contradicciones. En el libro “La estrategia de vida de una persona creativa”, publicado en 1990, Altshuller y Vertkin sintetizaron gran parte de sus descubrimientos [6].

En su papel como presidente de la Asociación Rusa de TRIZ, Altshuller propone la estructura, organización y estrategia de desarrollo de una asociación internacional de TRIZ. De esa forma, en 1997 se establece la Asociación Internacional de TRIZ (MATRIZ).

Enfermo de Parkinson y sabiendo que el final de su vida se aproximaba, Altshuller estableció el contenido de los programas formativos para los diferentes diplomas acreditativos de TRIZ y redactó una lista de las 65 personas que él consideraba candidatos a recibir el título de TRIZ Master, el nivel más alto de capacitación sobre TRIZ [2].

El 24 de septiembre de 1998, pocos días antes de cumplir 72 años, Genrikh S. Altshuller falleció, dejándonos como herencia una enorme colección de escritos, historias de ciencia-ficción, libros y, sobro todo, TRIZ.

"La creatividad para un inventor es similar a la valentía para un soldado”

Genrikh S. Altshuller

Placa conmemorativa en honor a Altshuller en Petrozavodsk.

Referencias

  1. The Altshuller Institute for TRIZ Studies 
  2. G. Altshuller, “And Suddenly the Inventor Appeared”; Technical Innovation Center, Inc.; Worcester, Massachusetts; 1994.
  3. G. Altshuller, “The Innovation Algorithm: TRIZ, Systematic Innovation and Technical Creativity”; Technical Innovation Center, Inc.; Worcester, Massachusetts; 1999.
  4. L. Filkovsky, “An Unmythical Altshuller”; 2003.
  5. U. Mishra, “The father of TRIZ – As we know him”; 2006.
  6. V. Souchkov, “A Brief History of TRIZ”; The TRIZ Journal; 2015.
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