El CEREBRO de la CREATIVIDAD

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Para poner la etiqueta de “creativa” a una idea se hace necesario expresarla de forma verbal o escrita, o bien materializarla para ser utilizada, tocada, olida o saboreada. Lo anterior es la consecuencia de la creatividad. La génesis, la idea, ocurre… en el cerebro de la creatividad.

Aunque pueda parecer un juego de palabras, la creatividad no tiene otra fuente que el cerebro de las personas. Se ha trabajado mucho (y continúan los esfuerzos) para alcanzar la creatividad artificial, o lo que es igual, sustituir la capacidad creativa del cerebro humano gracias a los avances en algoritmos avanzados de inteligencia artificial.

Sin embargo, hasta ahora los esfuerzos solo alcanzan la combinación de ideas previamente conocidas por las máquinas; éstas no son capaces de realizar asociaciones que no se hayan producido anteriormente, no pueden “saltarse las reglas” para generar disrupciones como lo haría una persona muy creativa.

La creatividad es una facultad humana que reside en nuestra capacidad de generar pensamientos y, por lo tanto, no se localiza en otro sitio que no sea nuestro cerebro.

La historia de nuestro cerebro

Antes que nada, quiero aclarar el sentido del título de esta sección. Aquí no se pretende describir la evolución biológica del cerebro desde los primeros homínidos hasta nuestros días. Más bien, el objetivo es “contar” muy brevemente cómo hemos ido descubriendo los entresijos de este órgano fabuloso que nos hace diferenciarnos, de forma notable, del resto de especies del planeta, y que ha dado origen a las neurociencias.

Encontrar la fuente de la conciencia, los pensamientos y los sentimientos ha sido una tarea a la que se ha consagrado la humanidad desde el albor de los tiempos, estando fuertemente condicionada por la dualidad corazón-cerebro.

En la antigua China esta dicotomía se entendía de la siguiente manera: el corazón como órgano del espíritu, y el cerebro como fuente de fuerza vital que, con una interpretación totalmente androcéntrica, se “expresaba” pasando a través de la médula en el esperma producido por los testículos.

Sin embargo, los filósofos griegos no contemplaron una “convivencia amistosa” entre el espíritu y la mente, generándose dos corrientes contrapuestas: el cerebrocentrismo y el cadiocentrismo.

Platón sostenía la teoría de que el cerebro albergaba los sentidos del oído, la vista y el olfato, y que de ellos surgían la memoria y el juicio como fundamentos del conocimiento. Por otro lado, Aristóteles creía firmemente en el corazón como generador de las ideas y las emociones, atribuyéndole al cerebro una función meramente reguladora de la temperatura de la sangre.

Debido a la visión sagrada del cuerpo humano que tenían los griegos, no realizaban disecciones de cadáveres, lo que frenó seriamente sus conocimientos de anatomía. No obstante, existió una excepción:  La Escuela de Alejandría. En el siglo III a. C. Herófilo de Calcedonia y Erasístrato de Ceos hicieron grandes contribuciones en el campo de la anatomía y fisiología del cerebro y del sistema nervioso. Herófilo no solo distinguió el cerebro y el cerebelo, sino que proporcionó la primera descripción de los ventrículos. Por su parte, Erasístrato realizó experimentos con cerebros vivos.

Unos siglos más tarde otro griego, Galeno, se encontró con las mismas limitaciones político-religiosas para diseccionar cadáveres humanos, así que tuvo que conformarse con los cerebros de ovejas, monos, perros y cerdos, entre otros mamíferos. De sus estudios concluyó que el cerebelo, más denso, debía controlar los músculos, y el cerebro, más blando, debía ser el lugar donde se procesaban los sentidos. Además, observó que ciertos nervios espinales controlaban músculos específicos.

La aportación de Europa en el estudio del cerebro durante la Edad Media fue bastante pobre, limitándose prácticamente a los ventrículos cerebrales (descripción más adelante) por ser las únicas partes claramente distinguibles sin necesidad de disección. Las primeras descripciones escritas del cerebro en la Europa medieval (siglos XIII y XIV), corresponden a los italianos Mondino de Luzzi y Guido da Vigevano.

Cerebro disecado por Mondino de Luzzi

Dibujo de la disección de un cerebro por Mondino de Luzzi.

En el mundo musulmán, sin embargo, el progreso en esta materia durante el Medioevo fue muy superior. En Persia, Avicena (Ibn Sina), considerado por algunos como el padre de la medicina moderna, descubrió el vermis cerebeloso y el núcleo caudado; ambos términos aún en uso hoy en día en neuroanatomía. Avicena fue la primera persona en asociar déficits mentales con déficits en el ventrículo medio del cerebro o el lóbulo frontal (descripción más adelante).

El Renacimiento, sobre todo en Europa, trajo “aire fresco” para el desarrollo del conocimiento anatómico en términos generales, y del cerebro y sus partes, en particular. El flamenco Andrés Vesalio a través de concienzudas disecciones describió el putamen y el cuerpo calloso. Asimismo, propuso que el cerebro estuviera formado por siete pares de ‘nervios cerebrales’, cada uno con una función especializada.

René Descartes, el famoso matemático y filósofo francés, propuso la teoría del dualismo cerebro-mente (o materia-espíritu) y sugirió que la glándula pineal era donde la mente interactuaba con el cuerpo después de registrar los mecanismos cerebrales responsables de la circulación del líquido cefalorraquídeo (descripción más adelante).

René Descartes.

No menos importantes fueron las aportaciones del inglés Thomas Willis. En su obra Cerebri Anatome (1664) describió con gran detalle la estructura del tronco encefálico, el cerebelo, los ventrículos y los hemisferios cerebrales (descripción más adelante). Willis fue una de las primeras personas en atribuir a las estructuras cerebrales funciones cognitivas precisas.

En la segunda mitad del siglo XVIII gracias a los trabajos del médico y fisiólogo italiano Luigi Galvani con ranas disecadas, se descubre la naturaleza eléctrica del impulso nervioso.

Ya en el siglo XIX, concretamente en 1811, César Julien Legallois encontró la localización en el cerebro del centro de la respiración, concretamente en el bulbo raquídeo. Esta fue la primera vez que se identificaba una función específica en una región concreta del cerebro.

A mediados del siglo XIX, los alemanes Emil du Bois-Reymond, Johannes Peter Müller y Hermann von Helmholtz mostraron que las neuronas eran excitables eléctricamente y su relación con el estado eléctrico de neuronas adyacentes.

En 1865 el neurólogo francés Paul Broca, considerado como uno de los pilares de las neurociencias, relató el caso del cerebro de un paciente que fue examinado al poco de morir y que, en vida, era incapaz de emitir más allá de unas pocas palabras. Descubrió que tenía una lesión en el lóbulo frontal izquierdo, concluyendo que esta parte del cerebro es fundamental para el lenguaje. Este descubrimiento fue notable porque se demostraban dos hechos: el lenguaje estaba afectado por una lesión cerebral en una zona específica (conocida como “área de Broca”), y la existencia de cierta asimetría cerebral, ya que lesiones similares en el lado derecho del cerebro no producían la pérdida del lenguaje en otros pacientes.

Paul Broca.

Los estudios del cerebro se volvieron más sofisticados y precisos con los avances en la óptica de los microscopios y el procedimiento de tinción empleando una sal de cromato de plata (tinción argéntica) desarrollado por el médico italiano Camillo Golgi, que permitió revelar las intrincadas estructuras de las neuronas (descripción más adelante). Empleando la técnica de Golgi, otro médico, en este caso español, Santiago Ramón y Cajal, formuló la hipótesis de que la unidad funcional del cerebro es la neurona (como entidad separada). En 1906 Golgi y Ramón y Cajal compartieron el Premio Nobel de Medicina/Fisiología por su aporte al conocimiento del sistema nervioso.

En 1910, Constantin von Monakow (neuropatólogo ruso-suizo), presentó el concepto de “diasquisis”, la idea de que cierto daño en una parte del cerebro podría crear problemas en otra parte.

Pocos años más tarde, Charles Scott Sherrington (Premio Nobel de Medicina/Fisiología, 1932), describió la separación que existe entre las neuronas y las células que reciben la información, y por la que se transmite el impulso nervioso. A esta brecha intercelular la denominó “sinapsis”.

En 1915, Henry Hallet Dale, y posteriormente Otto Lowei (1921) identificaron de forma independiente el primer neurotransmisor: la acetilcolina. Los neurotransmisores son sustancias químicas que se liberan en las sinapsis como respuesta a un estímulo específico.

El médico e investigador suizo Walter Rudolf Hess recibió el Premio Nobel de Medicina/Fisiología en 1949 por determinar las áreas del cerebro relacionadas con el control de los órganos internos.

A mediados de la década de 1950, Roger Wolcott Sperry (neurocientífico y psicólogo estadounidense) realizó diversos experimentos seccionando el cuerpo calloso en pacientes con epilepsia, concluyendo que, aunque cada uno de los dos hemisferios del cerebro (izquierdo y derecho) intercambia información con el otro a través del cuerpo calloso, existen notables diferencias en la forma de procesamiento de la información entre uno y otro.

En los años 60 Eric Kandel, científico estadounidense de origen austríaco, junto a sus colaboradores examinaron los cambios bioquímicos en las neuronas asociadas con el aprendizaje y la memoria en moluscos del género Aplysia, cuyos mecanismos neuronales funcionan de manera parecida a los humanos, y que se caracterizan por la conocida como “plasticidad neuronal” (descripción más adelante).

Llegada la década de 1980, el médico y neurofisiólogo colombiano Rodolfo Llinás realizó distintas aportaciones sobre las propiedades electrofisiológicas de las neuronas con el enunciado de la hoy conocida como «Ley de Llinás».

Ya en pleno siglo XXI, concretamente en 2014, los psicólogos y neurocientíficos noruegos Edvard Moser y su esposa May-Britt Moser ganaron el Premio Novel de Medicina/Fisiología, junto con el británico-estadounidense John O’Keefe, por su investigación sobre las células de posicionamiento en el hipocampo (descripción más adelante). Se trata de un tipo de neuronas que codifica la posición espacial de mamíferos como las ratas y los seres humanos, permitiéndoles orientarse en el espacio.

A pesar de que las investigaciones no paran y, paso a paso, conocemos más acerca del cerebro y su funcionamiento, las incógnitas todavía superan con creces a las respuestas porque se trata, sin lugar a duda, de la estructura biológica más compleja de la Tierra… tanto es así que es la única capaz de estudiarse a sí misma.

Las "piezas" del cerebro

En la sección anterior, dentro de la revisión histórica de los descubrimientos acerca del cerebro, se han ido mencionando varias de las “piezas” que integran esta “máquina” fabulosa.

El cerebro es un órgano que forma parte de un sistema mayor, el sistema nervioso que, a su vez se divide en sistema central y sistema periférico.

El sistema nervioso central (SNC) comprende el encéfalo (cerebro, cerebelo y tronco encefálico) y la médula espinal; el sistema nervioso periférico (SNP) incluye todos los nervios fuera del encéfalo y la médula espinal (nervios craneanos/espinales y los ganglios nerviosos).

Como el objetivo de esta entrada es estudiar el sistema nervioso desde un punto de vista fisiológico y su relación con la actividad creadora, en este apartado prescindiremos de analizar el sistema nervioso periférico y, dentro del sistema nervioso central focalizaremos nuestra atención en el cerebro.

Nuestro amigo “el cerebro” es un órgano que pesa, en promedio, 1,250 Kg en las mujeres y 1,350 Kg en los hombres, aunque no tiene ninguna relación con las facultades mentales de cada sexo.

En el cerebro hay aproximadamente 100.000 millones de neuronas (células nerviosas) interconectadas entre sí. Cada una de las neuronas está conectada simultáneamente a otras 10.000 neuronas. Las conexiones entre dos neuronas (sinapsis) permiten la transmisión del impulso nervioso, formando una red con una longitud total equivalente a 100.000 kilómetros (unas dos veces y media la longitud del ecuador terrestre). Esta gigantesca red supone únicamente entre el 2% y el 3% del peso corporal, pero consume el 20% de la energía.

Existen tres tipos de neuronas de acuerdo con la labor que realizan: sensoriales, motoras e interneuronas. A su vez, todas las neuronas llevan a cabo tres funciones básicas:

  • Recibir señales (o información).
  • Procesar las señales recibidas (para determinar si la información debe o no ser transmitida).
  • Comunicar señales a células blanco (músculos, glándulas u otras neuronas).

¿Cómo está integrada una neurona?

Las neuronas, tienen un cuerpo celular (llamado soma). Las proteínas necesarias para que las neuronas hagan su trabajo se sintetizan mayormente en el soma.

Desde el soma se proyectan diferentes apéndices o protuberancias: varias ramificaciones cortas, conocidas como dendritas, y una extensión separada, más larga, llamada axón. Muchos axones están cubiertos con mielina, un aislante electroquímico que aumenta la resistencia de la membrana axónica y, por tanto, la velocidad de conducción del impulso nervioso.

Esquema de una eurona y sus partes principales.

En las dendritas y el soma se realizan, principalmente, las funciones de recibir y procesar las señales. Por otra parte, el axón se divide en muchas ramas y desarrolla estructuras bulbosas conocidas como terminales axónicas (o terminales nerviosas). Estas terminales axónicas forman conexiones con las células blanco.

¿Sustancia blanca y sustancia gris?

La sustancia blanca está compuesta de axones recubiertos con mielina y está distribuida en el interior del cerebro; por otra parte, la sustancia gris, localizada en la corteza, la forman somas, dendritas y axones carentes de mielina. Esta distribución cambia en la médula espinal, en donde la sustancia blanca se encuentra en la periferia, y la gris, en el centro.

Morfología del cerebro

Hasta ahora hemos explorado el cerebro desde una perspectiva “micro”. Ha llegado el momento de ver, a nivel “macro” cuáles son las partes del cerebro y las funciones que éstas realizan.

La composición del cerebro es casi tan compleja como su funcionamiento; en ese sentido, las descripciones buscan la máxima claridad para su mejor comprensión.

Simplificando, en el cerebro se distinguen dos “grandes” grupos: la corteza cerebral y las estructuras internas.

Corteza cerebral: Constituye la superficie exterior del cerebro y se caracteriza por sus pliegues denominados circunvoluciones, formados por sustancia gris. También, se distinguen unos surcos llamados cisuras, siendo las más notables las cisuras de Silvio (lateral), la de Rolando (central) y la interhemisférica.

Precisamente, la cisura interhemisférica divide al cerebro humano en dos hemisferios (derecho e izquierdo), comunicados por el cuerpo calloso.

Cisuras y lóbulos cerebrales

Cisuras y lóbulos cerebrales de un hemisferio del cerebro.

Las otras cisuras dividen la corteza cerebral de cada hemisferio en 4 zonas conocidas como lóbulos, que llevan el nombre del hueso de la bóveda craneal al que están asociados:

  • Lóbulos frontales: situados en la parte anterior, por delante de la cisura de Rolando. En ellos se sitúa la capacidad de movimiento (corteza motora) y habla, además de las funciones ejecutivas: atención, planificación, secuenciación y reorientación de nuestros actos.
  • Lóbulos parietales: se encuentran por detrás de la cisura de Rolando y por encima de la de Silvio. En estos lóbulos se desarrolla el sistema emocional y el sistema valorativo: recibir las sensaciones de tacto, calor, frío, presión y dolor.
  • Lóbulos occipitales: forman el casquete posterior del cerebro, que en muchos animales tiene límites bien definidos pero que en el cerebro humano se han perdido. Constituyen el centro de procesamiento del sistema de visión.
  • Lóbulos temporales: localizados frente al lóbulo occipital, situados por debajo y detrás de la cisura de Silvio, aproximadamente detrás de cada sien. Desempeñan un papel importante en tareas visuales complejas como el reconocimiento de caras. Están encargados de la audición, equilibrio y coordinación. También regulan ciertas emociones como la ansiedad, el placer y la ira.

Estructuras internas:

El cerebro no es macizo, sino que tiene en su interior 4 cavidades, interconectadas entre sí, conocidas como ventrículos cerebrales. Por ellos circula el líquido cefalorraquídeo, que sirve para proteger la parte interna del cerebro de cambios bruscos de presión y para transportar sustancias químicas.

Entre las estructuras que se encuentran en el interior del cerebro es imprescindible mencionar:

  • Tálamo: se sitúa por encima del tronco encefálico, prácticamente en el centro del cerebro. Está formado de sustancia gris y tiene una longitud de unos 3 cm. En él se procesan e integran gran parte de las señales nerviosas entre otras estructuras y la corteza cerebral (y viceversa).
  • Hipotálamo: está ubicado justo debajo del tálamo con un tamaño considerablemente menor (aproximadamente como una almendra). Se le considera el regulador central de las funciones viscerales y endocrinas a través de la hipófisis.
  • Ganglios basales: están formados por sustancia gris y se encuentran en la base del cerebro, sobre el tronco encefálico. Están interconectados con la corteza cerebral, el tálamo y el tronco encefálico. Su función principal está relacionada con el control de los movimientos voluntarios.
  • Hipocampo: su nombre proviene de la forma de esta estructura cerebral que se asemeja a la de un caballito de mar. Localizado dentro del lóbulo temporal, hay uno por cada hemisferio cerebral. Está formado por sustancia gris y desempeña funciones importantes en la memoria y la orientación espacial. Además, es una de las pocas regiones del cerebro en la que se produce la neurogénesis (generación de nuevas neuronas).
  • Amígdalas cerebrales: son dos conjuntos de núcleos neuronales ubicadas en la profundidad del lóbulo temporal. Juegan un papel preponderante en el procesamiento y almacenamiento de reacciones emocionales.

«Estructuras» internas del cerebro. Fuente: Dr. R. Pérez Santos.

Con lo anterior ya tenemos una visión general de la estructura del cerebro y de las funciones asociadas a sus distintas “piezas”, pero ¿cuáles son las que están vinculadas con la creatividad?, ¿cómo opera ésta a nivel fisiológico?

Lo vemos en la siguiente sección.

El motor de la creatividad

Llegados a este punto es importante aclarar ciertas asociaciones erróneas, muy comúnmente utilizadas en el ámbito formativo de técnicas y métodos de creatividad, en las que se mezclan “churras con merinas” al invocar la teoría del “cerebro triúnico” o “cerebro triuno”.

Esta teoría, formulada por el médico y neurocientífico estadounidense Paul MacLean en la década de los 60, considera la morfología del cerebro humano actual como capas superpuestas fruto de la evolución. De esta forma, divide al cerebro humano en tres “cerebros”:

  • Reptiliano (o complejo-R): incluye a los ganglios basales, el cerebelo y el tronco encefálico y controla comportamientos y pensamientos instintivos.
  • Sistema límbico: integrado por la amígdala, el hipotálamo y el hipocampo. Es el encargado de regular las emociones, la memoria y las relaciones sociales.
  • Neocórtex: lo forma la corteza cerebral. Se encarga de lo que se conoce como funciones superiores: pensamiento avanzado, razón, habla, planificación, abstracción o percepción.

Modelo de «cerebro triúnico» o «cerebro triuno» de Paul MacLean.

En una entrada muy interesante del blog del neurobiólogo José Ramón Alonso, “El mito del cerebro reptiliano”, se explica con argumentos por qué esta teoría evolutiva no se ajusta a la realidad en muchos aspectos.

Es erróneo confundir la raíz de determinadas reacciones o comportamientos sobre la base del control ejercido por alguno de los “cerebros” del modelo “triuno”. Es así como expresiones del tipo: “es imposible que fluya la creatividad en situaciones gobernadas por el cerebro “reptiliano””, o “una sesión creativa no puede realizarse cuando se activa el cerebro “reptiliano” en alguien del grupo”, no solo son falsas, sino que tergiversan el funcionamiento del cerebro y la mecánica de la actividad creativa.

Como se explicaba en la entrada La creatividad también se va de vacaciones”, la antigua creencia de la dicotomía absoluta de funciones en los hemisferios cerebrales (izquierdo: expresión verbal, pensamiento lógico, análisis, etc.; derecho: expresión no verbal, emociones, percepción visual, imaginación, etc.) ha demostrado no ser cierta, encontrándose en estudios con escáner en vivo una activación global del cerebro durante la etapa creativa.

Ahora bien, el hecho de que todas las estructuras del cerebro participen en el proceso, no quiere decir que ocurra de la misma forma para todo el mundo. La creatividad es una habilidad universal pero no está desarrollada al mismo nivel en todas las personas (por ello, puedes mejorar tus capacidades creativas aquí).

El equipo del neurocientífico estadounidense Roger Beaty de la Universidad de Harvard, publicó en 2018 un artículo en la revista “Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America – PNAS”, donde se describen determinados patrones en las conexiones cerebrales de las personas altamente creativas.

Las investigaciones llevadas a cabo Roger Beaty sugieren la existencia de tres redes neuronales con fuertes conexiones relacionadas con las habilidades creativas. Estas redes se encuentran localizadas, principalmente, en los lóbulos parietales y frontales de los dos hemisferios.

Al parecer, cuanto más fuerte son las conexiones de estas tres redes y la capacidad para activarlas al mismo tiempo, mayor es la creatividad de la persona. Las tres redes en cuestión son las siguientes:

  • Red neuronal por defecto o predeterminada: se utiliza cuando el cerebro está imaginando o sueña despierto. Su papel parece imprescindible en la generación de ideas.
  • Red neuronal de control ejecutivo: se activa a la hora de evaluar ideas y tomar decisiones. Cobra especial importancia cuando es necesario enfocar la atención.
  • Red neuronal de prominencia: se emplea para distinguir la importancia de una cosa y funciona como interruptor entre las otras dos redes neuronales.

Estas redes operan en los cerebros de todas las personas; sin embargo, en el de aquellas que son muy creativas, existe una mayor variedad de conexiones y la activación de las tres redes, según parece, ocurre de forma simultánea.

La variedad de conexiones neuronales responde a dos mecanismos fabulosos de las células cerebrales: neuroplasticidad y neurogénesis.

Como se ha mencionado anteriormente, las conexiones entre neuronas se llaman sinapsis. Éstas se crean ante cada nuevo estímulo y se afianzan con la repetición. La repetición de una sinapsis frente a situaciones o comportamientos es lo que se conoce como “patrón de pensamiento”.

Por ejemplo, supongamos que comenzamos un nuevo trabajo que requiere un desplazamiento con una combinación de caminata hasta la parada de autobús, viaje en autobús y otro tramo de caminata entre calles. El primer día se crea una sinapsis al encontrar la dirección del nuevo trabajo y la secuencia más adecuada (rápida y económica) para hacer el recorrido. La conexión neuronal se crea la primera vez y, simplemente, dicho patrón se repite cada vez que hacemos el trayecto de casa al trabajo, sin ser conscientes de ello.

De esta forma, la neuroplasticidad es la capacidad del cerebro para alterar los patrones establecidos y crear nuevas conexiones, diferentes de las ya existentes.

¿Cómo podemos utilizar la neuroplasticidad del cerebro? Muy sencillo: ¡estimulándolo! No hay alternativas. Si nos enfrentamos a los retos diarios con las mismas fórmulas o patrones, no se generarán nuevas sinapsis, su variedad será menor y, por lo tanto, seremos menos creativos/as.

Además de la neuroplasticidad, el cerebro tiene la habilidad sorprendente de regenerarse, produciendo nuevas neuronas, fenómeno conocido como neurogénesis.

La neurogénesis ocurre en la zona subgranular del giro dentado del hipocampo.

En un artículo publicado en la revista científica “Gerontology” por Couillard-Després y sus colaboradores (2011), se afirma que «existe una relación facilitadora entre neurogénesis hipocampal adulta y la ejecución en tareas de aprendizaje y memoria dependientes del hipocampo durante el envejecimiento».

Lo anterior pone de manifiesto la importancia de ejercitar el cerebro con actividades que favorezcan el aprendizaje y la memoria. Si ayudamos al cerebro de esta forma conseguimos una clara situación ganar-ganar: además de adquirir una nueva habilidad (aprendizaje), generamos células cerebrales (neurogénesis).

¿Qué ocurre si somos capaces de generar nuevas neuronas? Tendremos disponible más cantidad de material neuronal para crear nuevas conexiones… y más conexiones, como hemos visto, supone mayor capacidad creativa.

En conclusión, el cerebro dispone de mecanismos como la neuroplasticidad y la neurogénesis para incrementar la diversidad de conexiones y nuestras habilidades en el ámbito de la creatividad… ¡si le ayudamos, por supuesto!

"La creatividad no se gasta. Cuanto más usas, más tienes”

Maya Angelou

Fuentes

  1. K. Kolb, F. Miltner, “Cómo ejercitar la memoria”; Editorial Hispano Europea, S.A., Barcelona; 2008.
  2. J. D. Vincent, “Viaje extraordinario al centro del cerebro”; Editorial Anagrama, S.A., Barcelona; 2009.
  3. J. Prego, S. Santana, “Piensa como un genio. Del ingenio a la genialidad”; Plataforma Editorial, Barcelona; 2012.
  4. F. Manes, M. Niro, “Usar el cerebro”; Espasa Libros, S.L.U., Barcelona; 2015.
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