La creatividad también se va de vacaciones

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Los habitantes del hemisferio norte (más abajo hablaremos de hemisferios no geográficos y de la creatividad) nos encontramos en pleno verano y en la época en la que la mayoría de las personas, o estamos disfrutando de las vacaciones, o esperamos hacerlo pronto.

Hoy en día no concebimos nuestra vida sin períodos más o menos largos de descanso o desconexión de nuestra rutina diaria, pero no siempre ha sido así.

La palabra “vacación” proviene del latín “vacare” que significa estar libre, vacante, ocioso, y es precisamente en la antigua Roma donde se encuentra la referencia más antigua a algo similar a las vacaciones: en el siglo sexto antes de Cristo, Tarquinio El Soberbio, último rey de Roma, decretó un día de descanso para los esclavos durante las llamadas “ferias latinas” con el fin de que pudieran llevar ofrendas al santuario de Júpiter que se ubicaba en el monte Cavo en la región del Lacio. Con el tiempo se fueron incrementando el número de días hasta llegar a ser cuatro al año (¡qué generosidad!).

En el mundo cristiano, aparte de los domingos y las fiestas religiosas “de guardar”, no existían las vacaciones. Lo más cercano a tener días “libres” eran las peregrinaciones, también con un propósito religioso y no de ocio o reposo.

Es en Francia, la abanderada de los derechos sociales, donde se “democratizan” las vacaciones. En 1936 el gobierno del Frente Popular otorga a los trabajadores quince días de vacaciones pagadas. A partir de la Segunda Guerra Mundial esta fórmula se va extendiendo al resto de países.

A día de hoy, a pesar de la homogeneización global de ciertos aspectos sociales, las diferencias en el número de días de vacaciones remuneradas entre países son notables: desde los 5 días de China (no obligatorios) hasta los 30 de Francia o Finlandia.

En la película del director Michael Moore, “Where to Invade Next – ¿Qué invadimos ahora?” (2016), se hace una labor de “benchmarking” en busca de ideas exitosas de diferentes países para ponerlas en práctica en EE.UU., con el sarcasmo típico del director estadounidense. La primera de todas las “ideas” hace referencia al derecho que tienen en Italia los trabajadores a disfrutar hasta dos meses de vacaciones pagadas. En una entrevista al CEO del fabricante de motocicletas Ducati éste le explica a Moore el beneficio que supone para la empresa el sistema de vacaciones remuneradas en términos de productividad.

Las vacaciones tienen una influencia notable en nuestra salud: en términos generales mejoran los valores de presión arterial, calidad del sueño, estado anímico y, por supuesto, los niveles de estrés.

Pero, ¿hay dividendos adicionales?, ¿obtenemos algo más por este merecido descanso?

Las respuestas, abajo.

Hacia la izquierda o hacia la derecha

Lo más acertado es decir: por el centro.

Es bien conocida la naturaleza bilateral del cerebro y las diferentes funciones que tienen asociadas los dos hemisferios que lo componen, izquierdo y derecho. El primero está especializado en el lenguaje y en el pensamiento lógico, y el segundo en la percepción visual, el arte, la creatividad y el procesamiento holístico de la información.

A pesar de esta “especialización” de los dos hemisferios, la labor del cerebro es conjunta, es decir, los hemisferios están en comunicación constante a través del haz de fibras nerviosas que conforman el cuerpo calloso. Por lo tanto, no es correcto hablar de “dos cerebros”; en realidad se trata de un cerebro dividido en dos hemisferios que siempre están interactuando.

La reconocida neurocientífica Jerre Levy, en su estudio “Psychological Implications of Bilateral Asymmetry”, afirma que “el hemisferio izquierdo analiza en el tiempo, mientras que el derecho sintetiza en el espacio”.

Ella considera que los dos hemisferios del cerebro trabajan juntos para cada función humana en lugar de actuar como dos cerebros separados, como creía Roger W. Sperry, quien realizó una serie experimentos con pacientes a los que se les había sometido a “callosotomías”, es decir, al seccionamiento del cuerpo calloso para el tratamiento de la epilepsia con la consiguiente separación de los dos hemisferios cerebrales. En 1981 Roger W. Sperry recibió el Premio Nobel de Medicina/Fisiología por sus trabajos de investigación en pacientes con cerebros “divididos”.

hemisferios cerebrales

Hemisferios cerebrales.

Más concretamente, en el campo de la creatividad, existe una labor conjunta de ambos lados del cerebro.

A mediados del siglo XX el psicólogo Joy Paul Guilford, pionero en el estudio de la creatividad, dividió en dos las funciones de pensamiento del cerebro humano: pensamiento convergente y pensamiento divergente.

El pensamiento convergente (también conocido como pensamiento vertical, lógico, convencional o racional), asociado al hemisferio izquierdo, se mueve buscando una respuesta determinada, lo que le permite encontrar una única solución a los problemas, por lo general previamente conocidos; se le considera monoplanar o de un único plano y nos permite valorar las opciones y tomar decisiones.

Por el contrario, el pensamiento divergente (o pensamiento lateral), vinculado al hemisferio derecho, se mueve en varias direcciones (multiplanar) en busca de la mejor solución para resolver un problema que se considera nuevo; permite generar una gran cantidad de opciones.

Alex Osborn, el creador del “brainstorming” o “tormenta de ideas”, en su libro “Imaginación Aplicada”, observó que los dos tipos de pensamiento son esenciales para ser una persona creativa.

Asimismo, métodos sistemáticos como TRIZ emplean las funciones de los dos hemisferios cerebrales y los tipos de pensamiento dentro del proceso de resolución de problemas complejos: en los pasos asociados a encontrar el problema específico y traducirlo a un problema abstracto se pone en funcionamiento el pensamiento convergente; en los pasos encaminados a encontrar una solución abstracta y la generación de soluciones específicas, claramente aparece el pensamiento divergente.

En los procesos creativos es fundamental incluir las funciones de ambos tipos de pensamiento, y de hecho los dos, actuando conjuntamente, constituyen el equilibrio dinámico de la creatividad.

¿Dónde se localiza la creatividad en el cerebro?

Tenemos claro que la creatividad se origina en el cerebro, pero ¿dónde?, ¿qué área o áreas concretas de los hemisferios se activan en el proceso creativo?

Nuestro cerebro es una enorme red de neuronas que se interconectan constantemente por unas avenidas llamadas sinapsis. Las sinapsis, o conexiones neuronales, se crean ante cada nuevo estímulo y se repiten para situaciones conocidas o aprendidas.

Recreación de la sinapsis neuronal.

Afortunadamente, nuestro cerebro no es “rígido”; por el contrario tiene la capacidad de alterar los patrones preestablecidos (como las uniones sinápticas consolidadas por la repetición) y crear nuevas conexiones. Esta capacidad se conoce como neuroplasticidad.

Cuando se realiza el acto creativo, la actividad cerebral que se observa por medio de escáner muestra un estado oscilatorio. La actividad oscilatoria posibilita la sincronización de grupos neuronales de la misma área o áreas distantes entre sí que intervienen en una acción motora, tarea cognitiva o perceptiva.

Un equipo de investigadores de la Universidad de McGill, en Montreal (Canadá), escaneó el cerebro del músico Sting mediante una resonancia magnética funcional para observar qué partes de su cerebro estaban activas cuando improvisaba mentalmente una melodía que jamás había compuesto. Lo llamativo de los resultados fue la gran activación global de su cerebro.

Por lo tanto, la creatividad es multifacética, compuesta por una gran cantidad de procesos cognitivos distribuidos en el cerebro y no ubicada en un área específica del mismo.

¿Cómo funciona la creatividad?

Seguramente te ha pasado al resolver un problema para el que inicialmente no tenías la solución; de repente las partes dispersas ocupan su lugar como las piezas de un rompecabezas y, ¡ajá!, aparece la solución. Se trata de magia, de la casualidad o, por el contrario, de un proceso cerebral; ¿dónde o cuándo aparecen los momentos “eureka”?

Los psicólogos describen la trinidad “BBA”: baño, entre bostezos y en el autobús. Es decir, actividades en las que hemos dejado de enfrentarnos analíticamente a un problema (que también forma parte del proceso creativo como hemos visto anteriormente) y para las que la mente, aparentemente en punto muerto, sigue intentando “armar el rompecabezas”.

Existen varios modelos que describen el proceso de resolución creativa de problemas desde un punto de vista “cerebral”; el más conocido es el que propuso Graham Wallas, en 1926 en su libro “El arte del pensamiento”, compuesto por cuatro fases:

  • Preparación/análisis.
  • Incubación/síntesis.
  • Iluminación/eureka.
  • Verificación/ejecución.

Vamos a imaginar que estamos resolviendo un crucigrama difícil y procedamos a asociar las fases anteriores con el proceso de resolución.

Lo primero es el análisis. ¿Qué palabra/palabras estamos buscando?, ¿cómo se relacionan?, ¿cuáles conozco que me puedan ayudar a encontrar las que desconozco?

Si nos damos por vencidos después de la fase consciente de análisis, entramos en la segunda fase de incubación, dejando inconscientemente que la mente siga trabajando para sintetizar el problema. Seguramente estaremos relajados y nos hayamos “olvidado” del problema, lo que supone un momento muy fértil para que la mente establezca conexiones por debajo del límite de nuestra consciencia.

De pronto, decidimos continuar con el crucigrama porque hemos llegado a la fase “eureka”; parece que todo fluye, las palabras empiezan a encajar y llenamos más y más casillas.

El proceso acaba cuando pasamos a la fase cuatro de verificación, comprobando que nuestras respuestas corresponden o no con las correctas.

Volviendo a los hemisferios del cerebro, en el proceso descrito la fase de análisis tiene una conexión evidente con las funciones del hemisferio izquierdo, mientras que la fase de síntesis (incubación) la tiene con el hemisferio derecho. De alguna forma, en la fase de análisis se recogen y ponen a punto los “ingredientes” y en la fase de síntesis se “cocinan”. La fase eureka se puede describir como el momento en el que ambos hemisferios del cerebro funcionan a la vez.

Un crucigrama tiene sin duda una respuesta óptima o correcta, es decir, se trata de un problema cerrado. Sin embargo, la mayor parte del tipo de problemas a los que nos enfrentamos a diario suelen ser abiertos, con varias posibilidades de respuesta, mejores o peores, más o menos eficientes, pero válidas.

En muchas ocasiones las fases de análisis y síntesis entran en un bucle de pensamientos profundos y obsesivos sobre el problema que tenemos entre manos. De hecho, hay más relación entre obsesión y creatividad que entre coeficiente intelectual y creatividad. Fruto de ese trabajo obsesivo se entra “en mejores condiciones” a la fase de iluminación o de “sueños diurnos” (day dreaming).

Existen numerosos ejemplos de grandes ideas que han surgido después de un largo bucle de análisis-síntesis (obsesión). Uno de los más conocidos es la de la estructura molecular del benceno. A principios del siglo XIX se conocía la fórmula molecular del benceno (C6H6) pero no cómo se disponían los átomos en su estructura química. August Kekulé, químico alemán, dedicó mucho tiempo a encontrar una representación clara que explicase la organización atómica de la sustancia que estaba estudiando. Según él mismo cuenta en sus memorias:

“Durante mi estancia en Gante (Bélgica), vivía en uno de los barrios elegantes de la vía principal. Mi estudio, sin embargo, estaba en un callejón estrecho donde no entraba la luz del día… Me encontraba sentado escribiendo en mi libro de texto, pero las investigaciones no prosperaban, mis pensamientos estaban en otra parte. Volví la silla de frente al hogar y me dormí. Una vez más los átomos comenzaron a brincar ante mis ojos. Pero esta vez los grupos más pequeños se mantenían discretamente en el fondo. Mi ojo mental, entrenado por las repetidas visiones de este tipo, ahora podía distinguir estructuras más grandes; largas filas se entrelazaban y mezclaban en un movimiento como de serpientes. ¡Pero mira! ¿Qué fue eso? Una de las serpientes había mordido su propia cola, y la forma giró burlonamente ante mis ojos. Como iluminado por un relámpago, me desperté…”

A nadie se le había ocurrido hasta ese momento que la molécula pudiera tratarse de un compuesto cíclico.

Estructura molecular del benceno según el sueño de Kekulé.

Las vacaciones: un gran estímulo para la creatividad

La creatividad está condicionada por una serie de factores y circunstancias que la propician o la frenan. Desde un punto de vista biológico una persona creativa debe estar preparada, ser un poco obsesiva, entender el problema de manera simple (muchas veces queremos hacerlo “inteligentemente” y, en realidad, todo suele ser más sencillo), ser valiente, estar dispuesta a equivocarse y estar relajada.

En la vorágine de nuestra vida, sobre todo laboral, estamos expuestos a una gran serie de estímulos que, o bien los hemos buscado, o bien han venido a nuestro encuentro por el simple hecho de estar vivos.

La solución a los problemas a los que nos enfrentamos está condicionada enormemente por los estímulos que recibimos que nos ayudan en el bucle, más largo o más corto, de análisis-síntesis mencionado en el punto anterior.

Dentro del ciclo podemos afirmar que: estamos preparados, hemos sido más o menos obsesivos/as, entendemos el problema de manera simple (eso espero), somos valientes (¡no nos queda otra opción!), estamos dispuestos a equivocarnos (seguramente ya hemos recibido varias curas de humildad) y… NOS VAMOS DE VACACIONES PARA ESTAR RELAJADOS.

Las vacaciones son el equivalente al “sueño despierto” (day dreaming) o al sueño real de Kekulé; representan un momento de desconexión en el que no deberíamos pensar en los problemas que nos acucian, dejando que el cerebro siga trabajando (¡ese sí que no se puede ir de vacaciones!).

Lo normal es que el momento “eureka” mencionado antes llegue tarde o temprano: estando todavía de vacaciones, en el viaje de vuelta o al llegar a casa o al puesto de trabajo. Desde la óptica de la creatividad, las vacaciones no solo nos ayudan a reducir la tensión y el estrés para favorecer la aparición del momento de iluminación, sino que, si hemos salido de nuestro entorno habitual, son en gran medida desencadenantes del momento “eureka” al estar expuestos a entornos físicos diferentes, otras culturas, distintos climas, etc.

A este respecto, es conocida la relación entre niveles adecuados de dopamina, conocido como “el neurotransmisor de la inspiración”, y la creatividad. Según la neuróloga Alice Flaherty de la Escuela de Medicina de Harvard: “El nivel de creatividad varía según la actividad de la dopamina en los circuitos del sistema límbico”. Ahora bien, la liberación de este neurotransmisor de forma natural está muy ligado al estado de relajación; cuando nos relajamos se produce una mayor liberación de dopamina, aumenta la motivación y, por consiguiente, un número más elevado de ideas creativas.

Dopamina, el neurotransmisor de la inspiración y la creatividad.

Por todo ello, las vacaciones son capaces de lograr la combinación mágica para incrementar nuestra capacidad creativa: estamos en un estado mental relajado, nos distraemos con nuevos estímulos y en nuestro cerebro se libera más dopamina.

Consejos para incrementar la creatividad estas vacaciones

Como hemos visto, el solo hecho de estar de vacaciones sienta las bases que favorecen la creatividad. Sin embargo, todavía podemos hacer más (y no estoy hablando del uso de sustancias prohibidas o de nootrópicos).

Mi intención es mencionarte 3 acciones concretas y sencillas que puedes ejecutar, casi sin darte cuenta, y que darán el impulso extra a tu capacidad creativa durante la pausa estival.

  1. Hamaca + “libro_que_no_se_te_hubiese_ocurrido_llevar_nunca_contigo”: Es una combinación perfecta por dos razones: o el libro resulta ser toda una revelación y comienzan a bullir ideas por asociación o analogía… o te vas a echar unas siestas estupendas y reparadoras, que también son importantes para la creatividad.
  2. Pasear sin mapa: Esto lo puedes hacer incluso aunque pases las vacaciones en tu lugar de residencia. Eso sí, no vale dar una vuelta haciendo la ruta habitual para comprar el pan; lo que se busca es salir de la zona de confort explorando diferentes calles o parajes. Si estás de viaje en un destino desconocido realizar esta acción será mucho más fácil porque todo a tu alrededor será nuevo. Los beneficios para la creatividad si das paseos frecuentes (según lo comentado) son dos:
    • Realizarás actividad física moderada, con lo que estimularás la plasticidad del cerebro (que ya hemos mencionado en un apartado anterior) y la neurogénesis, la creación de neuronas, en el hipocampo, un área fundamental para la memoria y el aprendizaje. No te menciono más beneficios de la actividad física porque seguramente ya los conoces y no es el objetivo de esta entrada.
    • Estimularás tus sentidos con nuevas imágenes, olores, sonidos, e incluso sabores si te expones a una oferta gastronómica diferente a la que estás acostumbrado/a. La percepción de sensaciones distintas a las habituales favorece la generación de asociaciones mentales y, por consiguiente, de nuevas ideas para la resolución de problemas cuyas respuestas se estaban “incubando” en nuestro cerebro.
  1. Aburrirse: Las vacaciones pueden incluir momentos de total y absoluto hastío y eso, aunque parezca mentira, ¡puede potenciar la creatividad! En un estudio reciente de la Australian National University, junto con la Singapore Management University y la Nanyang Technological University se ha llegado determinar que el aburrimiento aumentaba significativamente la creatividad en personas con rasgos de personalidad específicos, incluida la curiosidad intelectual, el alto impulso cognitivo, la apertura a nuevas experiencias y una inclinación hacia el aprendizaje.

Como ves, el esfuerzo para llevar adelante estos consejos es mínimo o inexistente, pero puede significar que vuelvas de las vacaciones con una gran idea en tu mente.

Así que, haz las maletas… ¡y que la creatividad se vaya también contigo de vacaciones!

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